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Este es uno de esos posts que no me gusta escribir, porque siempre es triste que cierre un proyecto, y porque aunque no le conozco demasiado, sí que he intercambiado pareceres con Aharon Quincoces, el editor, en alguna ocasión. Este artículo fue publicado en Librista en primera instancia, bajo el título Otro proyecto editorial que cierra: Editorial Intangible

editorial-intangible-cierraHoy me entero de que cierra otra editorial. Me lo cuenta mi amiga Amalia López, editora de sinerrata, que ha escrito un artículo sobre esto antes que yo.

Me imagino que todos los que pasamos por este blog, ya sea escribiendo, o leyendo, amamos la tecnología, pero también la literatura; no en vano estamos interesados en unos cacharritos, los lectores de tinta electrónica, que son el lugar donde confluyen ambas. Hablamos mucho de como evoluciona la técnica, nos gusta leer en digital, pero espero que todos tengamos claro que necesitamos una cosa, los libros, independientemente de su formato.

Editorial Intangible era, ya hay que decir era, un proyecto 100% digital. Como ellos mismos cuentan en su post de despedida, que se puede leer en su página de Google +, han sido pioneros en diversos ámbitos; por ejemplo, sacaron una colección en la que se daba un trato realmente especial al microrrelato, y contaban con una serie de textos breves de divulgación científica que me parecía ciertamente innovadora. Y todo ello sin descuidar géneros más difundidos como la novela.

En su despedida, me imagino que escrita por Aharon Quincoces, el editor, habla de temas muy interesantes, como de la falsa competencia que, a ojos de un lector, parace haber entre sellos, que resultan ser marcas de un gran grupo editorial. Al hilo de esto el apuesta por la asociación de las editoriales pequeñas, por la unión en consorcios, como una posible tabla a la que agarrarse para intentar competir en un mundo dominado por los grandes grupos.

Vuelvo, de nuevo, al post de Amalia, porque también dice algo que me parece muy interesante:

Las (muy) pequeñas editoriales digitales nos enfrentamos a variados retos que muchas veces hacen peligrar nuestra supervivencia pero quizás lo más difícil sea darnos a conocer en un medio muy competido, entre las grandes editoriales con mucha más oferta y poderío, y los autores autopublicados, con mucha más flexibilidad en cuanto a precios puesto que tienen menos estructura que compensar. Si a esto añadimos recursos limitados (económicos y humanos), industria en continuo cambio, discusión sobre precios… podemos decir que no lo tenemos demasiado fácil.

La sensación es clara. Sentir que navegas entre dos aguas, sin la flexibilidad de un autopublicado que no tiene que hacer inversiones, ya que su inversión es su esfuerzo, pero sin los medios que tiene una empresa de un tamaño medio o grande.

Yo no suelo ser, ya lo sabréis quienes me leéis a menudo, de los que pontifican en contra de la mal llamada piratería, y ni siquiera pienso que sea el principal problema que haya que afrontar. Pero sí que pediría a la gente que se impliquen como lectores, que apuesten por valorar el trabajo de editoriales independientes.

De editores que, en el caso de las digitales, mientras los grandes han puesto trabas a los compradores, con DRMs incómodos, han elegido trabajar sin proteger los libros, por respeto precisamente a sus lectores, a aquellos que han pagado por un e-book y quieren disfrutar de la lectura sin trabas. Hablamos mucho de grandes revoluciones, pero a veces faltan pequeños gestos, esa apuesta por un autor novel en una editorial pequeña. Ahora que llega la época de hacer regalos, está bien mirar cuál es el mejor e-reader, la tableta más novedosa, pero acordémonos que la savia que circula por nuestros cacharritos son los libros.

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