Se dice de Agustín Calcedilla que únicamente publicó en toda su vida un microrrelato:

Nunca debimos llamar a nuestro segundo hijo Caín

Se pudo leer por vez primera en 1963, en un suplemento cultural de la época. Un año más tarde el crítico Víctor Aguirregabiria sacó un volumen de trescientas diecisiete páginas titulado Obras completas de Agustín Calcedilla, ¿ensayo o ficción? con el cuentito de marras y la sesuda opinión de catorce críticos sobre el texto.

Calcedilla nunca dijo esta boca es mía. Aún vive, creo que un pequeño pueblecito del prepirineo oscense.