Lucidez

Dos horas antes de morir, a media tarde, el abuelo tuvo unos inquietantes momentos de aparente lucidez. Los delirios se desprendieron como un velo, abrió los ojos de forma desmesurada, y durante unos minutos observó en silencio a todos los que estábamos en la...

El sustanciero

El sustanciero

Habían pasado tres semanas desde la detención del sustanciero, y la conmoción era enorme en el barrio. Tres semanas desde que se descubrió que el malandrín asesinaba cada fin de semana a una moza casadera de la comarca, y que ese era el secreto de aquellos huesos tan...

La fuente de los deseos

La fuente de los deseos

Cuando el último autobús repleto de turistas abandonaba la plaza, los niños del pueblo nos quitábamos los zapatos, nos arremangábamos el pantalón si es que ese día tocaba llevarlo largo, y nos metíamos en la fuente a coger las monedas que ellos tiraban. Mientras mis...

El tendedero y los siete magníficos

El tendedero y los siete magníficos

Por vago. Se cayó por vago, por intentar coger el trapo de cocina que había en el otro extremo del tendedero sin molestarse en acercarlo y girarlo. Durante el trayecto se acordó de un chiste que contaba uno de los personajes de Los siete magníficos, uno de un tipo que...

El trilero

El trilero

—Siga, siga la bolita... ¿Dónde está, aquí, aquí, o aquí? El turista no cabía en sí de de gozo. Henry, o William, o tal vez Albert, era la tercera vez consecutiva que acertaba. Un señor calvo, por contra, era escéptico. —Ná, se lo está poniendo fácil para engañarlo,...

Café con putis

Café con putis

Mi padre no era mucho de desayunar en casa. Le gustaba más ir al puticlub de la esquina, a tomar un café con leche con una madalena, decía él, a por el café con putis, decía mi madre. Un jueves de cada dos, invariablemente, le tenía que ir a buscar, porque el...