No es que Arcadi Espada sea santo de mi devoción pero no hay que mezclar churras con merinas y realmente este artículo me parece además de completo bastante sensato. (Me dicen en Twitter, gracias Delia, que el autor del decálogo es Cristian Campos)

Hay que centrar el debate comentando que los pecados editoriales se refieren a todos los errores que se están comiendo a la hora de afrontar la marea del libro electrónico, que al parecer, me temo que sí, son muchos y variados, desde el DRM hasta los mencionadísimos errores “de concepto” de la web de Libranda, pasando por esa pátina de conservadurismo de la que nunca se va a desprender la industria editorial española. Os recomiendo leer el artículo.

Por aportar algo a su texto un pequeño punto de desencuentro (que se va a quedar reducido a un pequeño matiz). Dice Espada:

Prueba de ello es la confusión (deliberada) entre la versión-digital-de-un-libro-de-papel y el libro digital en sí. El primero es el equivalente de un escaneo del libro original, en formato ePub y en blanco y negro. Sin más. Su precio lógico, teniendo en cuenta los costes, debería rondar el 20 o el 30% del precio del libro de papel. Es decir, la versión-digital-de-un-libro-de-papel imita el papel y ofrece sus mismas (limitadas) posibilidades. Un libro digital “real” es algo muy diferente. Es un concepto totalmente nuevo que integra imágenes, sonidos, vídeos y enlaces, que facilita la interactividad entre autor y lector o entre comunidades de lectores, que permite que el libro mute y se actualice mientras se lee, o que albergue finales alternativos a gusto del consumidor para una misma historia… Dependiendo de su complejidad, el precio de un libro digital podría ser incluso muy superior al de un libro de papel.

Estoy de acuerdo en que muy pronto nos vamos a poder encontrar con todo tipo de ebooks, unos más enriquecidos que otros, por decirlo de algún modo, pero no veo necesario cavar una zanja entre literatura digital y literatura de papel ofrecida en versión digital. En primer lugar porque textos digamos normales (aunque me parece abusrdo expresarme así) pueden editarse directamente en versión digital, el papel no es imprescindible, y en segundo lugar porque la labor creadora del escritor puede realizarse sin tener en cuenta a que formato se va a volcar después. Las posibilidades de añadir a un texto música, vídeo, hiperenlaces y cualquier opción que se nos ocurra son inmensas y emocionantes, pero una parte inmensa de la literatura siempre será simple y llanamente palabra escrita, independiente de que el formato papel pueda desaparecer o no.

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