La mirada

Skoura, Valle del Dades, año 2000. En el tan exótico como cercano Marruecos, la vida de Saïd, un bereber adolescente, cambia radicalmente cuando la tragedia llama a su puerta, acompañada por el desvelo parcial de un secreto familiar.
A partir de aquí, a lo largo de quinientas convulsas páginas, el lector flanqueará al protagonista en un viaje a través de los años que llevan a una persona de la adolescencia a la madurez : Saïd interiorizará la fuerza de la amistad en todas sus variantes y el goce de los pequeños vicios; pero su sonrisa se verá rota a menudo por la severidad de un trabajo en el que hay poco hueco para las buenas personas, así como por la constante oscilación que supone la exploración del amor. Todo ello con la ansiada verdad como objetivo vital.

Mientras mantengo el proyecto de eBooks Gratis en el aire, que si sí, que si no, sigo publicando aquí información sobre ebooks gratuitos, (en otras ocasiones libres, que no es lo mismo, o simplemente sin DRM), siempre con el permiso del autor e, incluso, como en este caso, por su petición. Adolfo Moreno, un periodista madrileño, tras acabar su novela La mirada, pensó que no iba a sentarse a esperar que una editorial aceptara publicarla, y decidió al menos dos cosas. La primera costear la autopublicación en papel gracias al crowdfunding. Y la segunda, liberar el e-book, en formatos ePub y mobi, a cambio de un pago social, es decir, gratis, a cambio únicamente de un tuit o una mención en Facebook. En ambos casos el libro va con licencia libre, Creative Commons.

Si os pasáis por la web de su libro, La mirada.cc, podéis encargar su libro en papel, del que ha tenido que hacer una segunda edición, o descargar su versión electrónica. Además de saber más sobre él y sobre su aventura. Para abrir bica le he pedido a Adolfo que nos cuente su historia, a lo que ha accedido amablemente:

Durante los meses en los que escribía mi primera novela, la gente a la que se lo contaba me hacía dos comentarios. El primero “¡Qué bien, qué ganas de leerla!”, y el segundo, casi sin excepción, “¿Y cómo la vas a publicar? ¿Tienes algún contacto en una editorial?”. Yo solía esquivar el tema parafraseando una expresión que más una vez me han hecho escuchar, con más o menos motivo: “Soy hombre, no sé hacer dos cosas a la vez”. No puedo decir si hubiese sabido hacerlo, ya que ni siquiera lo intenté: escribí ‘La mirada’ poniendo todo mi esfuerzo en contar una historia como la de Saïd con la mayor perfección posible en cada detalle de la trama, en cada simbolismo, en el guiño de cada personaje; y lo hacía sin prestar un solo segundo de atención a pensar en cómo publicarla después. No me faltaba tarea durante aquellos meses.

Así, el día después de que la terminara -un 20N de agridulce recuerdo (2011)-, la imprimí y comencé a leerla sobre folios y no en la pantalla. Tampoco durante el mes de la relectura, por motivos personales, tuve demasiado tiempo para pensar cómo la editaría. Aunque supongo que mi subconsciente ya tenía el plan: mails, visitas y llamadas a todas las editoriales que apareciesen en Google.

Sólo habían transcurrido dos días desde que había terminado la corrección en papel cuando leí un tuit de @atemporal, en el que recomendaba el post que Hernán Casciari dedicaba a Lucía Etxebarría. La filosofía editorial de ese ‘Para ti, Lucía’ (cuya lectura recomiendo a todo el mundo) me enamoró de inmediato, profundamente. Ese “mundo nuevo” sobre el que él reflexionaba no sólo me enamoró, sino que el final me dio morbo, me puso: “Está en vos, en nosotros, en cada autor, seguir firmando contratos absurdos con viejos dementes, o empezar a escribir una historia nueva y que la pueda leer todo el mundo.” Consolidó mi matrimonio ideológico ver una recomendación que tenía pendiente: la conferencia ‘Cómo matar al intermediario’, también de Casciari. Un día después, conocí el crowdfunding a través de Canteca de Macao. Fue la tormenta perfecta. Me sentía con energía, y me apetecía aprender de un mundo, el editorial, que desconocía. Me ilusionaba seguir tomando decenas de decisiones: al igual que escribiendo las tomaba al respecto de un diálogo o una metáfora, aquí seguiría tomándolas sobre la licencia, el precio, la comunicación, la difusión… Sentirme absolutamente libre escribiendo durante unos meses fue adictivo, y quería mantener este gran privilegio también para la edición. Además, volviendo al final del post de Casciari, fui consciente de que había escrito una novela, de que sí podía aportar mi modesta opinión al respecto en un debate tan intenso y matizable como el del futuro de la industria cultural: creo en una nueva forma de hacer cultura, e iba a hacer las cosas según mis convicciones.

Ya decidido, podía responder a la pregunta que me habían hecho durante meses: voy a autoeditarla, el borrador no va a llegar a ninguna editorial. El entusiasmo con el que mi círculo de amistados acogió la noticia me hizo sentirme respaldado y me allanaba la financiación en el crowdfunding. Además, como nos ocurre a todos, tengo muy buenos amigos que saben hacer extraordinariamente su trabajo, aunque sus jefes –si es que, con suerte, los tienen- no piensen que ello merezca más de ochocientos euros al mes. Así, con personas tan cercanas como profesionales, llegó la corrección ortotipográfica, el diseño de la portada, la maquetación, la asesoría cultural, la edición de booktrailer, ebook y audiolibro, la creación de la web… Todo ello mientras, desde el 23 de mayo de 2012, y durante cuarenta días, estaba abierto el periodo de financiación en Lánzanos.

El crowdfunding aporta, creo, cuatro grandes ventajas a un autoeditor novel. La primera es que te facilita un dato aproximado para tratar de solventar la temible cuestión de decidir cuántos ejemplares imprimes en la primera tirada. La segunda es que te ayuda a hacer tu proyecto interesante a ojos de los medios, algo que, suponía –sin datos, insisto-, no sé si se consigue siendo el último de la fila en una editorial. Otro aspecto muy positivo es la cercanía con el lector-mecenas. Y por último, pero no menos importante, la libertad para crear el proyecto con tus ideas. En lo que al crowdfunding de ‘La mirada’ se refiere, estas ventajas se tradujeron en una recaudación de 2.700 euros (el mínimo estaba en 2.000 euros, que se alcanzaron en tan sólo siete días), lo que me permitió –mi compromiso implícito con los mecenas era que ese dinero que aportaban fuera destinado a abonar su libro y a pagar la impresión de otros dos- hacer una tirada de 500 ejemplares a un precio razonable (la novela son 550 páginas), que ya han requerido una segunda edición. Por otro lado, el carácter novedoso del proyecto permitió que éste se colara en ‘La ventana’ de la Cadena SER, en el ‘Telenoticias de Telemadrid, en la revista Tiempo, en madridiario.es… Respecto a la tercera ventaja, es una satisfacción difícil de explicar la que supone la relación directa con los lectores que han comprado el libro –no sólo durante el crowdfunding-, además, éstos se implican más solidariamente en su apoyo al proyecto. Y, para finalizar, la libertad de dirigir la editorial (como trabajador autónomo en la Seguridad Social) me permitió publicar la novela huyendo del copyright y apostando por una licencia abierta Creative Commons. El logo de CC aparece en la portada de la novela en el sitio donde iría el de la editorial, así se ve gráficamente la idea a transmitir. En la última presentación, en Granada, hice un experimento que a la gente le sorprendió mucho: pedí a alguien que me acercase un libro cualquiera y leí las restricciones de su copyright; seguidamente abrí ‘La mirada’ y leí el texto legal del Creative Commons. El prohibir frente al compartir, el “mundo viejo” y el “mundo nuevo” de los que hablaba Casciari.

Respecto al futuro del libro, el ebook, también pude tomar la decisión de proponer un pacto al lector: en lamirada.cc te puedes descargar gratuitamente el ebook y el audiolibro y, una vez que hayas terminado de leerlo, si te ha gustado el trabajo y crees en estos modelos innovadores para buscar alternativas a la crisis editorial, puedes hacer el donativo que estimes oportuno en esa misma web.

Ha habido aciertos y ha habido errores; ha habido muchos grises y pocos blancos o negros. He aprendido mucho y, pese a haber sido unos meses muy intensos desde que la publiqué en julio de 2012, siento que el proyecto de ‘La mirada’ apenas acaba de nacer, porque apenas es conocido.

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