Una tarde de aquel verano del 82 Sandro me lo soltó a bocajarro:

Aquí, contra el muro de este cementerio, tu abuelo fue uno de los que fusilaron al mío.

Hasta que finalizaron las vacaciones de aquel año formó parte de nuestros juegos que Sandro me fusilara una y cien veces contra aquella pared. No se por qué, pero no conseguí quedarme a gusto.

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