Hubo un momento en el cual el narrador comprendió que había perdido el control de los personajes de forma irreversible.

¿No podéis comprender que yo llevo el control de todo? ¿No sabéis que soy un narrador omnisciente?

No, contestó Serafín Bárdenas, espadachín malencarado y pendenciero, (así lo había definido el narrador), mientras le atravesaba con el estoque.

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