Este post fue publicado previamente en el blog de Librista, (guía y comparador de e-readers).

Cuesta mucho, creedme, ser un simple aficionado a la lectura, y sentarse a escribir una réplica de algo dicho por una persona de la talla de Mario Muchnik, alguien con una carrera dilatada en el mundo de la edición, y de la cultura. Pero supongo también que cada uno de nosotros tenemos derecho a articular nuestro propio discurso sobre la cultura en general, y sobre los libros en particular; y ahora, gracias a Internet podemos expresarlo aunque no seamos alguien con peso en el sector.

Hay algunas opiniones generales de Muchnick sobre la situación de la literatura en general, con las que no estoy de acuerdo. No creo, por ejemplo, que esté en decadencia. Igual que tampoco comparto las palabras de Felix de Azúa, cuando dice que la literatura esté en trance de acabamiento. Pero esto daría pie a un debate de fondo, que se escapa totalmente de la temática de este blog. Por eso hoy simplemente quería detenerme en la opinión de Mario Muchnik sobre el libro electrónico. No me sorprende que sea la que es, pero sí lo hace y mucho, que la exprese con tanta virulencia:

Me parece una cosa asquerosa. No conozco a nadie que haya leído una gran novela en un libro electrónico. ¿Se imagina a alguien con Guerra y paz en la playa y que se le acaben las pilas? Pues se queda sin Guerra y paz. Es ridículo, es abominable. Habrá gente que le guste porque pueda ser cómodo, pero no sé de nadie que haya leído El Quijote en un e-book ni creo que nadie lo vaya a hacer.

Lo primero que quería hacer es una apreciación meramente personal. Puede que yo sea la excepción a la regla, pero yo sí me he leido El Quijote en formato electrónico. Tengo una edición preciosa de la genial obra de Cervantes, con ilustraciones de Doré; preciosa, pero totalmente inmanejable. Al contrario que el e-book.

Me sorprende, decía, la contundencia de Don Mario, por diversas cosas. La primera porque no me deja de ser paradójico que se pueda traslucir de sus palabras que le preocupe más el continente que el contenido. Un libro es un libro, y el papel es un formato para leerlo. Un formato genial, cómodo y práctico, diría yo, que todos seguimos adorando, pero a día de hoy un formato que tendrá que convivir con los nuevos. Guerra y paz, la leas donde la leas, y como la leas, es la misma obra.

A veces creo que nos puede llegar a pasar como al inmortal y enjuto caballero, que veamos gigantes, donde solo hay molinos. Y lo digo porque más de uno, ahora hablo en general, solo ve un peligro donde hay una forma práctica y cómoda de acceder a la lectura, y por tanto a la cultura. Creo, le pese a quien le pese, que Don Quijote ya cabalga sobre un libro electrónico, y que se le ve con cierto garbo ahí subido, lanza en ristre.