Dice Mateo de Paz en su blog que hace falta tener mucha fuerza de voluntad para escribir una novela.

Estoy de acuerdo, en lo esencial, escribir una novela es un TRABAJO, así con mayúsculas; se necesita habilidad literaria para redactar el tan ansiado tocho, por supuesto, pero también se necesitan altas dosis de constancia para canalizar dicha habilidad.

Por eso, básicamente, España está plagada de malos poetas y malos cuentistas que se dedican a criticar con saña a la novela más vendida del momento, esa que probablemente se han leído a escondidas en el retrete, mientras que por la calle se paseaban con esa vieja antología manoseada de poesía del siglo equis, uve, palito, palito, palito.

Por eso, también, la persona más vaga y dispersa, que conozco, que creo que soy yo, aunque ya no sé muy bien de que estaba hablando, nunca será capaz de escribir una novela. Si bien es cierto que tengo dos manuscritos, de algo que se podría llamar novela, escondidos en un cajón, las dos veces hice trampa: una es una novela infantil muy, muy corta, y la otra es un conjunto de cartas que algún día verán la luz en forma de blogonovela o algo así.

Mateo llega a la misma conclusión que yo
: nunca será novelista, aunque ofrece una última puerta para almas desesperadas: recurrir a un libro de autoayuda.

Demasiado aburrido, quizás.

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