Bienvenido a Literal

Hartos de juegos de palabras, de confusas metáforas, y de odiosas comparaciones que habían causado más de un disgusto, todo el pueblo en asamblea decidió, a partir de aquel instante, vivir al pie de la letra.

Lo primero que hicimos fue quitar el cartel de BIENVENIDO A LITERAL, cuando Nemesio se negó a cumplir su turno dando la bienvenida a los que llegaban. Lo sustituimos por uno más aséptico: ESTÁ USTED ENTRANDO EN LITERAL. Así, Patxi, al que, por pícaro, le decían mucho aquello de se-te-ve-el-plumero, se compró uno, porque en el fondo le encantaba que se lo dijeran. Aquí nunca llueve cántaros, ni las casas quedan más limpias que una patena.

Eso sí, con la juventud hemos topado; con la rebeldía típica de la edad, se empeñan en fumarse las clases.

Zona nacional

Mi padre me contó que él no era fascista, falangista, ni nada que se le pareciera; de hecho provenía de una familia de destacados sindicalistas. Él era un simple viajante, vendía lociones para después del afeitado y cepillos de dientes, y el comienzo de la guerra le pilló trabajando en la zona nacional.

Estuvo escondido mucho tiempo en el ático de una pensión de mala muerte, pero cuando empezó a tener claro hacia que lado se deslizaba la balanza de la contienda se dejó llevar. O eso me relató en su lecho de muerte. Que estaba cansado de ser un perdedor, así que denunció a la dueña de la pensión que le había, probablemente, salvado la vida, y se fue a comprar una camisa azul.

La uva número tres

Pascual se atragantó con la tercera uva de la suerte. Con los ojos aún más saltones que de costumbre miró a Eva boqueando como un salmón fuera del agua, mientras únicamente profería algo similar a un silbido. Eva se lo pensó hasta la novena campanada, se levantó, y tras echar un último vistazo al precioso vestido de Igartiburu en la pantalla del televisor, se fue a poner el camisón.

RecorteZ

La culpa la tuvieron los malditos recortes. Las instituciones que albergaban a los miles y miles de zombies estaban totalmente colapsadas, no quedaba ni un solo euro, y la gran mayoría de los enfermos serían devueltos a sus casas.

Cuando María levantó el auricular del teléfono sabía lo que le iban a decir, pero no entraba dentro de sus planes que Antonio volviera a casa esa misma tarde.

… y no se preocupe, se le subirá la pensión un 3%, aunque tendrá que pagar aparte las medicinas de su marido.

Lo subieron a casa entre 2 enfermeros, y lo dejaron atado en la vieja cama de matrimonio.

Tenga cuidado, señora, a pesar del zombielac muerden, se lo aseguro.

Y allí se quedó, mirando directamente a los ojos vidriosos de Antonio, y a un pequeño hilo de baba que no acaba de caer nunca. Algo había allí dentro de su marido, aquel que tantas palizas le había pegado, algo que estaba bien donde estaba.

Suspiró, y se fue a hacer la cena.

Buenas noches

Cuidadosamente arropé a mi hijo y le di un beso en la frente. La mayor parte de los moratones se habían tornado ya amarillos, pero uno me preocupaba, blando, tumefacto. Me aseguré de que las persianas estaban bien ajustadas, no quería que la luz exterior perturbara su sueño. Antes de salir me detuve unos instantes a contemplar su rostro; dormía profundamente. Cerré la puerta sin hacer ruido, y con mucha suavidad le di tres vueltas a la llave.

Obras completas

Se dice de Agustín Calcedilla que únicamente publicó en toda su vida un microrrelato:

Nunca debimos llamar a nuestro segundo hijo Caín

Se pudo leer por vez primera en 1963, en un suplemento cultural de la época. Un año más tarde el crítico Víctor Aguirregabiria sacó un volumen de trescientas diecisiete páginas titulado Obras completas de Agustín Calcedilla, ¿ensayo o ficción? con el cuentito de marras y la sesuda opinión de catorce críticos sobre el texto.

Calcedilla nunca dijo esta boca es mía. Aún vive, creo que un pequeño pueblecito del prepirineo oscense.