Este post fue publicado originalmente en el blog de Librista, guía y comparativa de ereaders, el día 5 de septiembre.

Ya he hablado en alguna ocasión de la importancia que tiene el libro infantil, a mi juicio, en el éxito de la literatura interactiva, ese tipo de libros que no simplemente está ahí para ofrecernos un texto, sino que pueden incluir vídeos, música, animaciones, y por supuesto, la posibilidad de que los niños, y los que somos como niños, ¡ya lo dice el nombre!, interactuemos con nuestra lectura.

Este tipo de libros llegan a nosotros como aplicaciones, ya sean para dispositivos con Android, o para los cacharritos que fabrica la compañía de la manzana mordida, y son una razón más para tener una tableta en casa, (o al menos un smartphone), ya que es el soporte necesario para disfrutar de ellos.

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He hablado, también, en infinidad de ocasiones sobre las diferencias que existen entre una tableta y un lector electrónico u e-reader. Cuando alguien me pregunta que qué es mejor, que que se compra, respondo con otra pregunta: ¿y para qué lo quieres?

Yo soy de los que usa un libro de tinta electrónica todos los días sin excepción, y de los pocos a los que en estos momentos una tableta le aporta poco porque trabajo muchas horas al día con un PC con conexión a Internet, y cuando le bajas la tapa lo que quieres es leer y nada más. Pero aún así tengo una tableta que uso ocasionalmente.

De todas formas, y aquí vuelvo tanto al título del post, como a lo que he contado al principio del mismo, todos los que tenemos niños en casa terminaremos pasando por el aro de la tabletas sean cuales sean nuestras necesidades y/o preferencias. Diremos que es por la mencionada literatura interactiva, por los juegos educativos, o por los que no educan nada de nada, pero nos los piden. O simplemente diremos, y estaremos en los cierto, que nuestros hijos ya han nacido en un universo táctil, y que pronto un dispositivo de ese tipo será imprescindible para realizar con éxito alguna tarea cotidiana. Todo esto es extensible a los smartphones; soy de los pocos que aún prescinde de uno y poco menos que parezco un bicho raro.

Las tabletas se impondrán, y tendrán una gran, gigantesca, cuota de mercado, especialmente cuando sus características las vayan haciendo mejores sustitutas de un ordenador personal. Pero yo soy de los que espero que los lectores de tinta electrónica no se estanquen y sigan evolucionando, que mantengan su parcela, aunque sea pequeña respecto a la venta de otro tipo de dispositivos. Porque creo, sinceramente, que los grandes lectores, (me refiero a que leemos mucho, no mejor que otros necesariamente), los necesitamos, para leer “en digital”, sí, pero totalmente desconectados de todo lo que no sea nuestro libro.

P.D.: La imagen que ilustra el post pertenece a unos de los libros digitales de la editorial La Tortuga Casiopea